Cultura

Himno para una tercera opción

Por: Raymar Aguado Hernández

I

Carlos Varela es ya un consagrado experto en lograr lo que se conoce como himnos sociales. Desde finales del pasado siglo ha dejado casi una decena de temas que son parte indeleble de sus respectivas generaciones; con sus epicidades cargando una capacidad avasalladora de trascender.

Siempre recordaré la anécdota que, con ojos brillosos, me hizo mi querida Liccett Ochoa del día que junto a su hermano Kelvis, siendo casi adolescentes, fueron a ver a Carlitos al cine Acapulco. Cuenta que un mar de gente se desbordaba por entrar, temerosos de perderse el concierto. De tanta presión contra las puertas y jaleo, terminaron reventando los cristales del cine-teatro. La gente entraba enardecida, corriendo por alcanzar el mejor lugar. Luego de copados los asientos, el propio Carlos pidió que se dejara pasar a todos los que cupieran en las escaleras y pasillos, porque él no podía permitir que nadie de su público quedara fuera en su espectáculo. Me contó Liccett que lloró cuando el Gnomo cantó Jalisco Park, que el teatro entero lo acompañó a puro pulmón. Esa generación halló en él una voz, un relator de su tiempo, un exégeta musical de su realidad. Varela se convirtió en un ícono en la juventud de esos que hoy (casi) peinan canas.

Luego llegaron los conciertos en el 23 abarrotado, los encuentros en Los Jardines de la Tropical, los discos y el puente musical entre tantos estilos de vida: los frikis, los hippies, los amantes de la canción, los sensibles, los intelectuales, los apasionados, los patriotas, los dolidos, los exiliados, los rojos, los azules… todos escuchaban a Carlos. Él supo tocar la fibra de cada cubano, llegó y escribió su página, su guion estelar en una sección compleja de la historia nacional. Los noventa fueron su casa y la hostilidad, el destierro, la desesperanza, la esperanza, el amor, Cuba, y quién sabe qué más, su numen.

Siempre he tenido – y lo confieso – mis sentimientos encontrados con Carlitos, hubo algo que evitó derretirme entero y palpar toda su obra desde el interior. Pero recuerdo que, con 16 o 17 años, cantaba hasta perder la voz Telón de Fondo y El Humo del tren en el Parque del Cristo mientras los transeúntes pasaban, miraban mis lágrimas y seguían. Cuba me dolió por primera vez desde esas canciones. Me ahogaba con Jalisco Park, con Una Palabra, con Guillermo Tell, con El leñador sin bosque. Él decía lo mismo que yo, no de la forma en que yo quería decirlo, no de la forma en que yo quería oírlo, no de la forma que más disfrutaba, no de la forma que más admiraba, pero lo decía. Más de veinte años atrás, cantaba lo que yo comencé a descubrir que necesitaba gritar en mi adolescencia. Hasta en en mi desamor estuvo: terminamos la relación, mi exnovia y yo con Adiós; años antes pasábamos horas cantando juntos Lucas y Lucía, Como un ángel y todas las anteriormente aludidas. Carlitos se coló también en mí y en mi generación.

II

Múltiples ataques, respuestas y contrarrespuestas musicales se han venido produciendo en Cuba durante este año producto de las tensiones existentes. Politizadas, incisivas, pero sobre todo sectarias, nunca exentas de extremismos. El excesivo posicionamiento político suele ser la peor limitante que existe en todas las generalidades posibles del arte. Tiende a obnubilar el criterio dando tendencia a la radicalidad… y eso ya es medianía. Lamentablemente, un escenario de mutuos escarnios ha hallado plaza abierta en el panorama musical de la Isla, logrando afearlo, extendiendo una bruma tediosa de censura, diferencias, tensiones, arbitrariedades y tozudez. Lo peor de toda la cuestión es la segregación en bandos; irónicamente creen los más recalcitrantes que solo existen dos. En el interior de este fuego cruzado nacieron canciones representativas que paralizaron el país, tanto por su capacidad de acaparar miradas y seguidores, como por su posición de rojo en la diana de los más burdos ataques y ridiculeces. Al margen de esta ríspida controversia existen otros que no saben de bandos, que no sienten por ninguna de las pequeñas hegemonías político-musicales que inundan su contexto y que también sufren la mediocridad del gobierno, las precariedades y la bota de los censores. Estos miembros de una existente tercera opción (de la cual me saben parte), ansiaban una melodía de identificación, un himno que tararear y sentir. Otra vez fue Carlos Varela quien colocó las notas en el pentagrama que le diera voz a ese sector de la sociedad; ahora más viejo, pero igual de atrevido y conmovedor.

La Feria de los Tontos constituye “no el grito, sino el susurro” bien posicionado, la materia discursiva que sabe dar un artista de calibre e inteligencia. Utiliza analogías, pautas jocosas y obviedades que dirimen las mentiras con las cuales se han establecido “intachables” los políticos (politiqueros) que gobiernan Cuba. Toca una generalidad con incipientes alusiones a especificidades. Es fuerte, corajuda, cojonuda. Tiene un brazo firme agarrando por el pescuezo a un opresor mientras lo acusa y le lanza sus verdades a la cara luego de arrancarle las máscaras. Le descubre la quinta pata a un gato de “trapicheos”, burocracia, militares y miedo. Es una galleta sin manos, la galleta de un pueblo manco a un opresor lleno de hipocresía. Esta canción es el ¡basta! de un sector de la ciudadanía que no tenía como decirlo sin la necesidad de remontarse al pasado, a un pasado irrespetado y pisoteado.

Varela junto a Sweet Lizzy Project han construido nuevamente un puente, una esperanza sonora. Existe la valentía en cada uno de nosotros, ellos lo asumen y la gente con ellos. Hay mucho por desenmascarar, hay que acabar con el cuento de la buena pipa, con el bucle deshumanizador que nos imponen, con la marcha del tedio, con el circo. Se buscaba la voz de un cantor, tenemos la de un pueblo. Como Figueredo y Cartaya (sin ánimos de comparar), Varela nos deja un himno de combate, este contra la medianía, la mentira, el abuso, el descaro, contra lo injusto, contra la falta de libertad, abundancia y oportunidades, contra la dictadura que nos gobierna exigiendo pleitesía y sumisión, contra la opresión.

Me leía hace unos días un texto de un columnista que, haciendo gala de sus conocimientos musicales, buscaba desacreditar de cierta forma esta canción aludiendo a una simplicidad sonora, a una poca complejidad musical, o algo por el estilo. La Feria de los Tontos no necesita más complejidad que la contextual, que no es compleja, es hostil. Un himno del siglo XXI cubano marcha en 4/4 y en Si menor; así llega más claro, así te va dando el paso de la marcha, así lo podremos corear más fácil. Este tema no pretende un Grammy (no se lo darán), ni estar en ninguna lista de éxitos, este tema es la voz de un sector popular cubano que aún no había podido desahogarse entonando nuevas melodías.  La Feria de los Tontos no es una simple canción, es una obra de arte para el pueblo.

Le pedí a muchos de mis cercanos que, si se identificaban con la canción, me enviaran una captura escuchándola, las tengo y la mayoría están acompañando este texto. A muchos le tocó la fibra, los enervó, les dió un grito de desafío y guerra:

“Son tan mentirosos, jugando al acoso, pero la tristeza no se compra con cerveza. Tú sabes que no fuimos ni somos tramposos, solo un poco hippies nada peligrosos. ¡¡¡Ni tu traga fuegos ni tus dos leones nos harán callar cabrones!!!”

La batalla es ardua. Nos desangramos por la sien de tanto sobrepensar, por tanto sufrir, por tanta angustia. Resistimos cada día en un gran circo que va in crescendo, respirando un aire vómico, insalubre, un aire de ira y despojos. Pero nos queda el valor y la esperanza, la dignidad. Y el día que nos encontremos juntos en las calles luchando por salvar del piso al fruto podrido de esta tierra, se escuchará el canto compacto de nuestra tercera opción, soltando a voz rasgada La Feria de los Tontos.

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La feria de los tontos. La feria de los tontos. La feria de los tontos. La feria de los tontos

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2 Comments

  • Raymar Aguado Hernández

    Gracias Shanaya. Muy feliz de saber que disfrutaste el texto. Las capturas me llegaron vía WhatsApp. Envíame la tuya mediante alguna red, será muy bueno tenerla y saber más amplia mi colección de momentos de compenetración con ese tema. Un beso grande.

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